Evaluación del riesgo de fraude
Hacer frente a la primera sospecha de fraude es una de las tareas más difíciles a las que se enfrenta un directivo. Tanto si una empresa ha invertido tiempo y dinero en mecanismos de prevención y programas de cumplimiento adecuados como si no, una sospecha de fraude genera muchas incertidumbres en la dirección, al tiempo que surgen preguntas concretas: ¿Podría haberse evitado esta situación? ¿Es culpa mía? ¿Es culpa de otro? ¿Eso es todo o nos enfrentamos a dimensiones aún desconocidas de esta sospecha de fraude? ¿A qué riesgos nos enfrentamos ahora y qué podría pasarnos? A lo largo de los años, hemos ayudado a muchas empresas que se han encontrado en esta tesitura y sabemos que los dos principales retos a superar son la confusión y la incertidumbre.
El mejor enfoque consiste en llevar a cabo una evaluación preliminar del fraude, concebida para aclarar lo antes posible las numerosas preguntas que todo el mundo siente la necesidad de abordar. Una evaluación preliminar del fraude es una herramienta rápida que analiza la sospecha de fraude existente, al tiempo que determina si la sospecha es real y esboza rápidamente el mejor enfoque a adoptar. Una evaluación preliminar del fraude debe ofrecerle una imagen clara de cómo abordar el problema, al tiempo que le proporciona un programa paso a paso fácil de seguir. Lo ideal es que la evaluación preliminar del fraude se complemente con investigaciones específicas, en función del tipo de fraude del que se trate.

